
Las estafas digitales han evolucionado rápidamente en los últimos años, y hoy una de las principales puertas de entrada para los ciberdelincuentes es una aplicación que millones de personas utilizan a diario: WhatsApp.
A través de mensajes aparentemente inofensivos, llamadas inesperadas o solicitudes urgentes, los estafadores están logrando acceder a cuentas personales y engañar a usuarios para obtener dinero o información sensible; sin embargo, la modalidad de enviar códigos de verificación a la posible víctima se ha convertido en una de las más utilizadas recientemente por la facilidad con la que las personas caen en estas trampas, siendo que es una acción que podría parecer inofensiva para algunos usuarios
De acuerdo con datos de Meta Platforms, solo en 2025 se eliminaron más de 159 millones de anuncios fraudulentos y se desactivaron 10,9 millones de cuentas en Facebook e Instagram vinculadas a redes de estafa. En el caso de WhatsApp, se eliminaron 6,8 millones de cuentas asociadas a estos esquemas, y recientemente se deshabilitaron más de 150.000 cuentas adicionales relacionadas con centros criminales organizados.
¿Cómo operan estas estafas?
Los ataques más comunes en el país incluyen:
● Solicitud de códigos de verificación: el delincuente se hace pasar por un contacto o empresa para que la víctima comparta el código recibido por SMS, o incluso decir que envió el código “por error”. Si la persona lo comparte, pierde el control de su cuenta en cuestión de minutos.
● Suplantación de identidad: mensajes que aparentan ser de familiares, jefes o instituciones, solicitando dinero o información urgente.
Mensajes como: “cambié de número, este es mi nuevo contacto”, “necesito ayuda urgente”, “tiene un paquete retenido”, buscan generar una reacción inmediata sin que la persona verifique la información. En muchos casos, estos mensajes incluyen enlaces falsos que redirigen a sitios diseñados para robar datos personales o financieros.
● Secuestro de cuentas (Ghost Pairing): si el atacante logra obtener el código de verificación, puede vincular la cuenta a otro dispositivo sin que el usuario lo note de inmediato. A partir de ese momento accede a conversaciones privadas, contacta a familiares y/o amigos, solicita dinero e información; generando un efecto en cadena que amplifica el fraude.
● Ofertas falsas de trabajo o premios: mensajes que prometen beneficios económicos para atraer a la víctima. Estas estafas suelen pedir pagos iniciales, redirigir a plataformas falsas y solicitar datos personales aprovechando la necesidad o curiosidad de las personas para concretar el engaño.
Según expertos de Soluciones Seguras, estas estafas funcionan porque apelan a emociones humanas básicas como la preocupación, la familiaridad y el miedo, el patrón es claro: los ciberdelicuentes saben mezclar la urgencia con la confianza.
“Hoy vemos esquemas cada vez más sofisticados, donde los atacantes combinan mensajes, llamadas e incluso audios para hacer el engaño más creíble. El usuario ya no enfrenta un mensaje aislado, sino una experiencia diseñada para manipular su reacción”, explicó Joey Milgram, COO de Soluciones Seguras.
¿Cómo protegerse de estas estafas?
Ante este panorama, Soluciones Seguras recomienda adoptar medidas simples pero efectivas:
● Nunca comparta su código de verificación. Es la llave de acceso a su cuenta.
● Verifique siempre la identidad de quien le solicita dinero o algún apoyo particular, idealmente mediante una llamada directa.
● Desconfíe de mensajes inesperados, especialmente si generan urgencia.
● No haga clic en enlaces sospechosos, incluso si provienen de contactos conocidos.
● Active la verificación en dos pasos dentro de la aplicación de WhatsApp.
● Revise regularmente los dispositivos vinculados a su cuenta.
● Recuerde que WhatsApp no solicita información personal ni códigos por mensaje.
Las estafas por WhatsApp continúan evolucionando y adaptándose a los comportamientos digitales de los usuarios. Hoy no solo se limitan a mensajes escritos, sino que incorporan llamadas, audios y múltiples tácticas combinadas para aumentar su efectividad.
En este contexto, la información y la prevención se convierten en la principal herramienta para evitar caer en estos fraudes que, muchas veces, comienzan con algo tan simple como compartir un código.